ChevronToxico

Conoce a Donziger

Por defender la Amazonia, está demandado por un gigante corporativo.

By Verónica Ucrós, VICE
17 February 2014

El hombre está demandado por la tercera corporación más grande de los Estados Unidos y la tercera corporación más grande de los Estados Unidos está demandada por él. No por él: Steven Donziger representa a los indígenas del nororiente del Amazonas ecuatoriano en un pleito multimillonario contra Chevron, petrolera gringa que se echó al hombro los mierderos legales de Texaco cuando la compró en 2001 (así de rentable debe ser su letrerito…). Palabras más palabras menos, la demanda que metieron los indígenas en una corte ecuatoriana a aproximadamente 16 kilómetros de la frontera con Colombia en 2003 dice que los muchachos de Texaco se desenhuesaron de 464 millones de barriles de desperdicios tóxicos, botándolos en cuerpos de agua o en centenares de piscinas que ellos mismos construían por el bosque conforme iban avanzando en su trabajo (para la muestra, basta con echarles ojo a las fotos que acompañan este artículo).

Las etnias Cofán, Siona, Secoya, Huaorani y Kichua han cargado con lo peor que dejó el desmadre de Texaco, según la demanda y el documental Crudo: el verdadero precio del petróleo, dirigido por Joe Berlinger: cantidades de enfermos de cáncer, padecimientos cutáneos, defectos congénitos, animales muertos, cultivos dañados y, por ahí derecho, la vulneración a la sostenibilidad de su propia supervivencia. No por nada muchos medios de comunicación y organizaciones no gubernamentales hablan del desastre como un “Chernobyl amazónico”.

El caso llegó hasta la Corte Suprema de Justicia del Ecuador, que le dio la orden a Chevron en 2011 de resarcir los daños causados con US$9.500 millones. Como la mejor defensa es el ataque, Chevron no solo le aclaró a los indígenas que no va a pagar medio dólar, sino que además demandó a su abogado más reconocido ante una corte federal de Nueva York, alegando que el proceso judicial en Ecuador fue una sarta de mentiras, fabricación de evidencia, chantaje y corrupción de jueces. La corporación jura que la víctima es ella misma porque Donziger y su gente la están extorsionando. Si pierde en esta, el tipo puede terminar pagándole a Chevron decenas de millones de dólares para reponer una parte de los honorarios de los más de dos mil abogados que han estado defendiendo a la multinacional.

El pasado diciembre, en su alegato final contra el abogado ante la corte en Manhattan, Chevron afirmó: “Donziger es un criminal que ha encabezado una empresa mafiosa seleccionando a Chevron como su pez gordo. (Él) se ganará US$600 millones si su esquema tiene éxito. Chevron le pide a esta corte que impida que el acusado saque utilidad de sus crímenes y que remedie el daño”.

El 2 de agosto de 2010, la periodista Mary Cuddehe dedicó su columna en la revista The Atlantic a una anécdota hollywoodesca que vivió en febrero de ese año. Mientras trabajaba en Cancún, la llamaron para ofrecerle trabajo en Ecuador con una de las más destacadas empresas de investigación privada en el mundo. La compañía se llama Kroll y le presta sus servicios a Chevron. Una semana después de ser contactada en México, ella aterrizaba en Bogotá para que la sacaran de una duda que no le quisieron esclarecer por teléfono: en qué consistía la oferta. En el hotel donde la hospedaron (cuyo nombre omite, pero lo equipara a cualquier Ritz), un experiodista reclutado por Kroll (cuyo apellido se reserva, pero de nombre Sam) le explicó todo. Esa compañía la quería en el Amazonas espiando a la parte demandante en el caso por la contaminación de Texaco, para saber si ese equipo de trabajo había manipulado la selección de casos en un estudio presentado ante una corte ecuatoriana, el cual había reportado cifras de cáncer preocupantemente altas en la región. Veinte mil dólares más viáticos por cerca de seis semanas de trabajo en la selva, tú te haces la joven reporterita preguntona mientras investigas clandestinamente para nosotros.

El fin de semana que Cuddehe pasó en Colombia su anfitrión la llevó a tomar tequila, bailar salsa y cenar en un restaurante peruano en donde también departían alrededor de una docena de agentes de la firma con cara y pinta de todo menos de detectives. Después de todo eso, ella dijo: “Te lo agradezco pero no”, se largó del país y publicó la columna cinco meses después.

Piscina para verter desechos tóxicos

Durante los más de cinco siglos que han pasado desde que este continente fue descubierto hasta hoy, de la yugular de América Latina han colgado los intrépidos empresarios del primer mundo, emprendedores de la succión de sangre ajena. Eso debería tenernos volando de la piedra. De manera que decidimos conducir esta entrevista, al cabo de la cual uno concluye que Fidel Castro, el dictador de Cuba, se equivoca en todo menos en una propuesta: “Páguese la deuda ecológica y no la deuda externa”.

VICE: Steven, todo el mundo dice que esto es la pelea de David contra Goliat. Me parece una comparación injusta contigo porque David se bajó a Goliat en menos de cinco minutos, en cambio tú llevas veinte años revolcándote con el gigante en la arena. A estas alturas, ¿cuánto miedo tienes?

Steven Donziger: Un año antes de que las comunidades ganaran contra la compañía en 2011, Chevron lanzó una campaña de venganza contra todos los que hemos participado en la lucha, y ha concluido que mi cara es un símbolo de su derrota. Mi esposa, mi niño y yo hemos sido seguidos 24 horas por Kroll. Algunos meses había tres carros con dos agentes en cada uno, esperándonos abajo de nuestro edificio. Trabajo donde vivo: mis colegas me visitan aquí y, cuando salen, son seguidos. Pero, mira, no tengo miedo de Chevron. Hay un cierto nivel de estrés para mi familia y yo, pero es muy poco comparado con el que viven las comunidades de Ecuador debido a los muertos, los problemas de salud y la falta de comida y oportunidades económicas causados por Texaco.

Jairo Yumbo de nueve años de la comunidad indígena Kichwa muestra su mano deforme en el camino frente a su casa en Rumipamba.

¿Cómo sabes que es gente de Kroll la que te sigue?

Dentro del caso, en Estados Unidos cada parte tiene derecho a acceder a información de la otra. Hemos conocido que Chevron le ha pagado a Kroll US$15 millones desde 2009 para tratar desabotear la lucha de las comunidades de Ecuador y que entre veinte y treinta informes sobre mi vida son propiedad de la corporación. Y no es solamente contra mí. Chevron ha puesto más de cien demandas en Estados Unidos contra periodistas, activistas y bufetes de abogados. En Panamá, Argentina, Brasil, Canadá y Venezuela, donde tenemos acciones para ejecutar la sentencia contra sus bienes, han amenazado a cada abogado que nos ayuda con una demanda personal si siguen en el caso. Han tratado de pagar periodistas para espiarnos, y utilizan Colombia, Bogotá específicamente, como su base de operaciones para Ecuador.

¿Por qué Colombia?

Yo creo que ahí tiene sede Kroll y están sus agentes.

Ejercitemos la imaginación: ¿qué pasaría si Chevron y Texaco fueran empresas ecuatorianas y los demandantes indígenas gringos?

En 2010 ocurrió un derrame en el Golfo de México responsabilidad de la British Petroleum, ¿recuerdas? Los ecuatorianos afectados por una empresa norteamericana desde hace 25 años no han recibido un dólar. Por el contrario, la gente en Estados Unidos afectada por BP desde hace dos años ya ha recibido la mayoría de su compensación: US$40.000 millones. ¿Por qué? Porque en la industria petrolera hay racismo contra pueblos que viven en países donde las corporaciones no utilizan los mismos estándares de operación que usan en Europa y Estados Unidos. Si esto hubiera pasado allá, los ejecutivos de la compañía habrían sido encarcelados muchos años por haber cometido crímenes ambientales con intención. Porque tú no puedes diseñar un sistema para contaminar a diario durante 25 años, como el que diseñó Texaco en Ecuador, sin saber que algún día iba a morir gente. El derrame de la BP fue un accidente, un terrible accidente. Pero en cuestión de tres días, sin haberse iniciado juicio alguno, Barack Obama había dicho que BP tenía que pagar. Todo su gobierno se movilizó contra esa petrolera. Pero cuando el presidente de Ecuador hizo algo mínimamente parecido (viajó a solidarizarse con las comunidades), Chevron dijo que estaba interfiriendo con la justicia. Esta compañía siempre está tratando de aplicar un estándar doble porque ve a Ecuador como un país inferior.

Maria Aguinda de la comunidad indígena Kichwa parada, junto a su familia, en un camino empapado de petróleo cerca a Rumipamba en 1993.

Has mencionado varias veces que este caso amenaza el modelo de negocio de Chevron, ¿de qué se trata este modelo?

Una compañía como Chevron puede entrar en un país donde no hay regulación fuerte del gobierno y utilizar métodos de producción defectuosos para invertir menos dinero y obtener más ganancia. Chevron tiene muchos problemas ambientales por todo el mundo. Ellos saben que si las comunidades en Ecuador reciben lo que merecen, empezará otra demanda en otro país y el tema va a seguir… Por eso están gastando como locos para evitar que nuestros clientes recuperen lo suyo. Mira, han perdido el caso. Pero quieren evadir el pago por el daño y además quieren mandar un mensaje al mundo, a cualquier periodista, activista o abogado: que no vuelvan a entrar a este tipo de caso nunca más.

Los trámites burocráticos que ha implicado esta gresca entre Chevron y tú se han tragado una cantidad de papel que no cabe en ninguna parte. ¿No debería demandar alguien a las dos partes por los trillones de árboles que ha tocado quitarle al Amazonas para que ustedes se puedan demandar mutuamente?

Es por eso que nosotros intentamos siempre hacer documentos digitalizados; es Chevron el que hace todo en papel (se carcajea). Tiene dos mil abogados que necesitan justificarle sus honorarios a la compañía y siempre están sobrelitigando. Un día la compañía realizó cincuenta escritos legales en 39 minutos para paralizar a la corte a punta de papel. Aparte de contaminar gran parte de la Amazonia de Ecuador tirando agua tóxica, Chevron está desapareciendo más bosques con su papeleo en este litigio.

Cuando llegaste por primera vez a Ecuador eras un recién egresado que no hacía mucho jugaba básquet con Barack Obama en Harvard. Ahora tienes 52 años y no has llevado un caso que esté por encima de este pleito en tu lista de prioridades. Esta historia me recuerda la de dos enemigos que se enfrentan por tanto tiempo que al fin no se quieren quedar el uno sin el otro. ¿Qué va a ser de ti sin Chevron cuando todo esto se acabe?

No, realmente no pienso así. Este caso es parte de una lucha social. Es el componente de algo mucho más importante y largo. Las comunidades de Ecuador están luchando, no solamente contra Chevron, sino contra quinientos años de historia en América Latina, porque los petroleros son la cara moderna de la conquista española. Entonces, lo que están haciendo las comunidades de Ecuador es históricamente contundente. Y eso, realmente, es lo que está en el fondo de este caso. Los conquistadores nunca entregan sus privilegios voluntariamente: hay que luchar.

 

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